Acertijos

11 julio, 2018

Por Gilberto Haaz Diez

Marcelo Ebrard (Relaciones Exteriores)

*De Nelson Mandela: “Si hablas a una persona en una lengua que entiende, las palabras irán a su cabeza. Si le hablas en su propia lengua, las palabras irán a su corazón. Camelot.

Uno de los aciertos de Andrés Manuel presidente, fue proponer, para que el Senado lo ratifique, a Marcelo Ebrard Casaubón como secretario de Relaciones Exteriores, oficina y asiento donde el locochón Trump se burló de los mexicanos al grito de ahí viene el coco. Todos recordamos aquella felpa que nos metió cuando Videgaray lo trajo como candidato y valiéndole gorro el protocolo y los lazos de la amistad señera entre México y Estados Unidos, nos zampó en nuestra jeta que ese Muro lo pagaríamos. Por poco este güey nos hace la ‘roqueseñál’. Ha pasado un año y no hemos pagado el Muro de la ignominia, pero la relación está por los suelos. Marcelo, que aprendió de política con un grande, Manuel Camacho Solís, sabe y conoce los vericuetos de esa dependencia porque, cuando Salinas no le dio la presidencia, Camacho se rebeló y lo envió casi de castigo a Relaciones Exteriores, por poco tiempo (29 de noviembre de 1993-10 de enero de 1994), Marcelo ahí laboró también, luego Camacho se fue a apaciguar el levantamiento del EZLN y su carrera pasó a otra historia. Dijo Marcelo: “El trato que hemos recibido por parte de Estados Unidos ha sido terrible; México y los mexicanos hemos recibido un mal trato. Mi encomienda es defender la dignidad de México, nuestros intereses y buscar las áreas de entendimiento que podamos tener”. Lo dijo porque viene el halcón, su par, Mike Pompeo, enviado de Trump, a platicar con el Pejeruso, en su sede donde está recibiendo a medio mundo. Qué lo acalambre y le diga que es buen amigo de Putín.

Las traducciones

Se regresa a los tiempos que los presidentes de la República no hablaban inglés. Desde el tiempo que llegó Miguel de la Madrid, de ahí en adelante todos hablaban inglés, uno medio cimarrón como Peña Nieto, que cuando tomó la presidencia, solo sabía decir: Gud morning y Thankiu y Gad to bless you, muy enredado. ¿What?, le respondían aquellos. Ahora necesitaran traductor, que eso es bueno porque da tiempo a pensar lo que se responde, en lo que el traductor o traductora te dice qué carajos dijo el otro. Andrés Manuel llega muy legitimado. Es el presidente que alcanzó 30 millones de votos, caso inédito en el país. Echeverría utilizó una mujer de intérprete, Italia Morayta. Era madre de un funcionario mexicano. Pero para cuando iba a Francia, le pusieron los franceses a otra mujer, Michel Durand, porque ella si entendía los ‘chingaos’ y ‘carajos’, que seguro luego soltaba mi presidente. Le gustó tanto su trabajo que Echeverría la contrató luego para ir a Viena. Los intérpretes suelen jugar un buen papel. Ignoro quién será el de Andrés Manuel, pero hay que tener cuidado, hace años viendo la película Patton, el general ganador de la Segunda Guerra Mundial odiaba a los rusos. Estando con un general ruso similar, le dijo de sopetón que era un hijo de la gran pu…, (aquel son of a bitch), el intérprete se quedó mudo. Patton le dijo: díselo textual. Y se lo dijo, el ruso reviró igual, después ambos sonrieron y brindaron con su vodka. El presidente de España, José María Aznar, llegó tumbando caña y no hablaba inglés. Tuvo que medio aprender rápido porque Yorchito Bush lo quería mucho por lo de las Azores (todos recordamos aquella escena de Bush y Aznar subiendo las patas en la mesa, cuando con el poderoso presidente americano fumaban un puro Cohiba, Yorchito le dijo a Aznar: súbelas, y Aznar las subió, eso era confianza y camaradería plena). Sarkozy, de Francia, tampoco hablaba inglés, había que reclutar intérpretes. Hace unos años, el presidente ruso, Vladimir Putin, que no es putín, la cadena CNN le hizo una invitación para dirigir un pequeño mensaje en inglés. Se cuatrapeó peor que Peña Nieto y optó a la mitad del pequeño mensaje a decirlo en ruso, su idioma. Margaret Thatcher, mujer bragada, alguna vez con el presidente del Congo, le dijo en su jeta: “Odio a los comunistas”. El intérprete sudó frio y la compuso: “La Primera Ministra dice que nunca ha apoyado las ideas de Karl Marx”. Y salvó su chamba. “Yo no hablo inglés. Pero no disimulo que hablo inglés”, dijo Andrés Manuel López Obrador, y los interpretes tendrán chamba sexenal, sin duda.

Los periódicos 

Los periódicos no deben desaparecer jamás. Andan muchos en peligro, por el alto costo del papel y por la penetración de las redes sociales y que cada día hay menos lectores. Yo suelo ser de esos amantes a la antigua, que suelen todavía mandar flores, me leo cuatro por la mañana, los tres locales: Sol, Mundo y Buen Tono, y El País, versión periódico. Y por Internet Notiver, Crónica Tierra Blanca y Crónica del Poder de Hakim, donde me dan asilo. Me gusta que huelan a tinta, y así los leo. En el diario El Sol del domingo, gusto me dio encontrar una crónica de los tres reporteros y reporteras que cubrieron las campañas de AMLO, Pepe Meade y Ricardo Anaya. Doy los créditos. Gabriela Jiménez, cubrió la de López Obrador, Rafael Ramírez la de Anaya y Enrique Hernández la de Pepe Meade. Leer sus angustias, leer cómo brincaban de un lado a otro para alcanzar a sus elegidos como candidatos, es algo que ni la tarjeta de crédito Master Card puede comprar. Poca gente ya hace crónica, esos tres la hicieron día a día por los 90 días que andaban en jiribilla, y dejaron plasmado en ese domingo sus angustias y quebrantos, pero cumplieron con su trabajo. Reivindica a la crónica esos apuntes. Felicidades.

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