Carlos Manuel Ferráez

Bad Boys

En días pasados el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a unos muchachos que viven en México y les llamó “Bad Boys; los calificó así porque según el nuestras autoridades (PGR, Ejército, la Marina y el CISEN) no pueden capturarlos.

El burro hablando de orejas. Ellos no tienen “Bad Boys”, se “camuflajean” en pequeños grupos criminales para que haya malos en México es que existe su contraparte americana.

La acción de hacer un muro no va a cesar la entrega de droga, solo se va a tecnificar la entrega por ejemplo con drones, submarinos y por aviones teledirigidos.

No estaría mal que EU con su fuerzas de inteligencia, militar y naval hicieran una acción como la que hicieron cuando mataron a Osama Bin Laden.

Esto se me ocurre porque los mexicano somos tan benévolos y respetando tanto la vida de los “Bad Boys” que prefiero que vengan americanos a hacer una intervención para realizar el trabajo sucio que los mexicanos no pueden.

En esto estoy totalmente de acuerdo con Donald Trump que en uno de los discursos más alentadores para una nación tan dolida como la nuestra y pidió en un desayuno que realizó con todos los representes de las religiones que se profesan en el país del norte, solicitando que rezaran por él y por Arnold Schwarzenegger.

En el programa del “Aprendiz” donde entró al quite el exgobernador de California bajo drásticamente de audiencia y este le respondió “hagamos un trato Donald Trump regrese al “Aprendiz” y Schwarzenegger se va de presidente”.

Gran idea tuvo el exgobernador; ese acabaría más rápido con los Bad Boys, entre ellos Fidel Herrera Beltrán, Javier Duarte, Tarek Abdala, Carballo Delfín, Edgar Spinoso, Erick Lagos, Amadeo Flores Arturo Bermúdez, Cesar del Angel, Vicente Benítez, Alberto Silva, Juan Antonio Nemy Dib y algunos  periodistas de los cuales no pongo el nombre pero todos ellos saben quiénes son  y de paso a Andrés Beceiro.

Llegué a la conclusión de que no debo hablar de política municipal, estatal y nacional porque me doy cuenta de que todo es un cuento mediático de dimes y diretes que atestiguan falta de carácter, tanto en las acciones económicas y sociales, es mejor hablar de momento de los viajes a marte de ecología que de política rampante que nos agobia.