Edgar Hernández Uncategorized

Aurelio Contreras

 Cuando asaltaron mi casa, aquí en Xalapa, hace algunos meses llevándose mis computadores, tablets y de paso las joyas atesoradas por mi esposa a lo largo de toda una vida, un alto funcionario de Palacio de Gobierno me llamó para decirme que la responsabilidad había que achacársela a la “delincuencia común”.
Le respondí que pedía al cielo que fuera cierto “ya que si eran ustedes entonces sí ¡cuidado!.. Porque ustedes sí son de temer”.
El periodista crítico Aurelio Contreras hoy vive que yo ya pagué, se suma además a la estadística.
Decenas de periodistas han sido violentados en su intimidad; saqueadas sus casas; intimidadas su familias; semi destruidos sus autos e incluso les han dejado mensajes como un cuchillo clavado en la cama de la recámara de la periodista Mónica Mendoza.
Ello sin contar los 15 caídos.
Acaso todo ha sido producto de la casualidad y consecuente mala pata del gobierno del Estado que desearía que no viéramos más que robos de “Frutsis” y “Gansitos” y que en lugar de pagar impuestos compremos chicles, pero de verdad, de corazón y sin engaños… ¡eso si que no se puede!
Quien ha sido asaltado, como es mi caso tardamos meses en superar el estigma. No es fácil digerir la violación y saqueo a la parte más íntima como es tu hogar, donde tu familia –esposa e hijos- no más tendrán paz por esa maldita sensación de ¿qué tal y regresan y nos encuentran en casa o durmiendo como el caso de Milo Vela y su esposa?
No sé cómo han digerido el problema mis colegas agredidos por la “delincuencia común”, pero en mi caso el estrago familiar causado dio lugar a que nos cambiáramos de casa, los dos carros que tenemos y modificáramos a cada día nuestras rutas al trabajo, como si eso fuera el bálsamo para anular a quien te quiere atropellar.
Los que vivimos desde el 2010 para acá no han sido los mejores tiempos en la relación prensa-estado. Se ha polarizado y los medios lamentablemente nos hemos dividido entre los buenos (la prensa oficial) y los malos (los periodistas críticos). Eso nunca había pasado. Siempre habíamos respetado esa máxima de “perro no come perro”.
Algo se descompuso.
Nuevos tiempos, sin embargo, habrán de regresar el equilibrio.
Tiempo al tiempo.
Pequeñeces:
Va de exclusiva: ya se comienza a gestar la posibilidad de un candidato de las izquierdas, uno que unifique desde el Sol Azteca los esfuerzos. Despacha desde una oficina descentralizada estatal y aguas porque tiene amistad con el nuevo gobernador de Michoacán Silvano Aureoles, de quien es el operador.

*Premio Nacional de Periodismo