Carpe Diem

26 octubre, 2018

Por Erik Porres Blesa

Los gabinetes de la transición

El periodo que se vive en nuestro país entre la elección y la toma de protesta del gobierno que entra es amplísimo. La mayoría de los gobiernos pasados lo han aprovechado para dar un paso atrás (lo que en el argot del fútbol americano se conoce como ¨teamback¨), crear las propuestas de política pública que cristalicen lo que se ofreció en campaña y de paso bajar la temperatura que todo proceso electoral genera.

Sin embargo, el largo peregrinar de más de doce años del proyecto ganador, sumado al contundente resultado obtenido, les otorgó una legitimidad y fuerza tal, que no les ha dado tiempo de frenar el motor y dejar que el coche se enfríe.

El primero de diciembre, cuando formalmente inicie la gestión, llevarán encima seis meses de desgaste como si ya estuvieran en funciones de gobierno. En este tiempo se han abierto múltiples frentes propios de una administración, innecesarios a mi parecer, para un gabinete de transición.

Sin duda nos enfrentamos ante un nuevo paradigma; el de los gabinetes de transición. No solo lo observamos a nivel federal, también a nivel estatal; gobernadores electos y futuros secretarios de despacho están realizando actividades que son una rara mezcla de campaña y gobierno.

Los largos periodos de transición que se dan en nuestro país tienen pros y contras. Dentro de las ventajas, como ya mencioné anteriormente, esos meses dan espacio para delinear políticas públicas, matizar los tonos de campaña, conciliar con sectores no afines y trazar la ruta de las primeras decisiones.

El único aspecto negativo que encontraba era tener dos presidentes conviviendo en el espacio público, ahora bien, considero con preocupación, que podemos sumar en este rubro el desgaste al que la futura administración se está exponiendo.

La luna de miel se adelantó y se está viviendo antes de la boda, por lo que a partir del primero de diciembre toda expectativa generada en campaña y en la poscampaña (transición) y no cumplida será cargada a la cuenta del nuevo gobierno.

Debido a la intensa actividad que un importante número de integrantes del futuro gabinete viene realizando y el desgaste al que se han expuesto, difícilmente contarán con esa especie de gracia que sexenio a sexenio los mexicanos otorgaban a los entrantes en lo que se habituaban y tomaban el control.

Del tamaño del resultado de la elección, es la expectativa generada y por lo tanto el compromiso. La sociedad mexicana está ávida de resultados y es por eso que les otorgó a través de las urnas una fuerza casi absoluta. A nadie de bien conviene un prematuro desgaste del gobierno. Todavía tenemos poco más de un mes por delante, en donde esperemos, se empiecen a cerrar frentes y poco a poco se bajen las revoluciones del motor. ¡En este carro vamos todos!

Erik Porres Blesa, es Doctor en Ciencia Política, Maestro en Comunicación y Licenciado en Relaciones Internacionales.