Geopolítica

5 noviembre, 2018

Por Jorge Miguel Ramírez Pérez

El aeropuerto que se quedará en sueño guajiro

Como el ser humano es mas inclinado a las emociones que a las racionalidades, responde preferentemente al género de las percepciones que le impactan y no le da la misma prioridad a los argumentos estructurados por más que estén documentados.

Tal vez por eso las cifras que manejan los formadores de opinión a pesar de tener la pretensión de ofrecer un punto de vista cuantificable lo que en la ciencia y por ende, en la academia se valora; generalmente se desconsideran porque además de proporcionar una información con datos duros, se requiere de un aval que los valide.

No es lo lógico pero sucede.

Así que la criticada consulta del aeropuerto saltó de la ilegitimidad metodológica hacia la novedad paradójica de un formato que se pensaba superado. Porque al darle carta de representatividad nacional a la opinión de unos cuantos, por cierto muchos de ellos adictos al líder, no se hacía otra cosa sino regresar “en nombre de todos”, a las prácticas del antiguo PRI dando por hecho, que un mitin en el zócalo, era suficiente soporte como para todo, incluso como respuesta social para apoderarse de la banca, como le hizo López Portillo después del 1o. de septiembre de 1982.

En esa mecánica radica el mayoriteo y es la explicación contra las teorías que se hacen bolas, de la esencia del populismo. Porque populismo no es gobernar para el pueblo buscando la popularidad o como quieren hacer ver algunos, que el populismo son medidas irresponsables para mantenerse en el poder únicamente.

No, aunque también tiene esos propósitos de arriba, el populismo busca únicamente gobernar con la mayoría, para la mayoría con exclusión de la minoría. En ese sentido la consulta fue doblemente parcial, votaron una minoría representando los perfiles de una mayoría mediante los candados excluyentes de reducir cualquier otra opinión.

Pero como los hechos consumados son como el niño ahogado, se quieren reprobar el daño cuando ya fue hecho, no deja de ser una vacilada en lo formal y una imposición en la práctica, bajo un ejercicio de simulación.

Lo que lleva a reflexionar sobre las realidades de la posición de los oligarcas que maniobraron en las primeras horas para bajar la cotización del peso frente al dólar y reducir las operaciones de la bolsa y una vez que entraron en contacto con el presidente electo, volvieron las aguas a la calma.

O es mi pura imaginación la sucesión de hechos que liberan más ganancias extraordinarias a los plutócratas que incumplen la segunda etapa, esa sí con menor utilidad y mayores requerimientos técnicos.

Porque como lo he señalado en otra entrega lo que se dice se ha gastado la friolera de 100 mil millones de pesos, en su mayoría son movimientos de tierra que para los que conocen el tema de la construcción, saben bien no solo sale como resultante en negocios pingües, sino se presta este tipo de clasificación al capítulo del saqueo.

Y apenas les cayó del cielo López Obrador porque con excepción de Slim que dicen y casualmente difunden, una carta del magnate donde “defiende” el aeropuerto de Texcoco, los demás mega ricos todos, originados en la riqueza derivada de los favores presidenciales de este y otros sexenios; nadie ha dicho públicamente que no estén de acuerdo, haciéndoles la aclaración que multas y castigos el gobierno los va a absorber a cuenta de los contribuyentes, léase presupuesto.

Pensar en Santa Lucía, Tizayuca, un HUB en Cancún o Monterrey ya son pretensiones de la especulación onírica. Y como en México no se sabe que se quiere, que tanto es tantito, y ya se fue al limbo el aeropuerto de lujo que jamás sería, porque el propósito como la refinería suspendida hace un sexenio, eran para ganar en la superficie.

Los únicos que se la creyeron fueron los periodistas que se opusieron y la clase media; los primeros por la consigna con embute y los segundos porque ante tantas decepciones, en algo habrían que creer.

Y claro que el aventadero les pega a los funcionarios peñistas, pero como en Toluca la bandera que ondea a sus anchas es la impunidad, del susto no pasan.

Y México se queda sin aeropuerto por cinco años o para siempre, dejando en las huellas de la frustrada empresa, las evidencias de las tranzas mal planeadas, mal hechas pero que dejaron, si dejaron; como decía Rubén Figueroa el legendario capo del cártel de Huitzuco, la carga es muy pesada, pero los fletes dejan.