Recuento

9 julio, 2018

Arranca la transición estatal

Ángel Martínez Armengol

Le tomó una semana aceptar el resultado y pronunciar el nombre de su ex contendiente hace dos años, pero finalmente este lunes, el gobernador Miguel Ángel Yunes, reconoció el triunfo del ingeniero Cuitláhuac García Jiménez a quien le envió la “más cordial felicitación y deseos de éxito y la seguridad de que como Gobernador, y como veracruzano, haré la contribución que me corresponda para que lo logre”.

En un mensaje que intentó estar revestido de solemnidad (el escenario fue el ex recinto legislativo denominado salón Venustiano Carranza de Palacio de Gobierno) rodeado de sus empleados, los integrantes de su gabinete, Yunes Linares hizo un panegírico de la contribución de su gobierno al avance democrático que representó la elección del domingo 1 de julio y las victorias obtenidas por el Movimiento de Regeneración Nacional, aunque omitió referirse por su nombre a ese partido y al presidente electo: Andrés Manuel López Obrador.

En el aire quedó el recuerdo de los epítomes que dirigía al ex candidato presidencial durante la campaña: “loco”, “vividor del sistema”, “chivo expiatorio” y “amigo de Duarte”, “gordo que come todo el día”, entre otros.

Comparaciones aparte, Yunes Linares destacó un hecho irrefutable: él no obstaculizará la llegada del nuevo Gobierno como sí lo hizo Javier Duarte contra él y los suyos. Y no sólo en términos de retrasar la entrega-recepción y poner obstáculos a la colaboración entre los equipos entrante y saliente, hace dos años. También porque desde el gobierno estatal se maniobró para que el PRI y sus partidos aliados impugnara los resultados de la elección de Gobernador e intentara mediante instrumentos legales anular la elección. De hecho, la oficina de Comunicación Social de las postrimerías del duartismo difundió entre columnistas y medios afines la especie de que el triunfo de Yunes Linares sería anulado por el tribunal electoral.

De lo expresado en su discurso de este lunes, queda claro que Yunes Linares no caerá en el mismo juego. De hecho, a diferencia de hace dos años, ahora existe una ley que establece los plazos y procedimientos adecuados para realizar la entrega-recepción en los cambios de administración estatal y municipal. Desde julio del año pasado, el Congreso del Estado aprobó la Ley para la Entrega y Recepción del Poder Ejecutivo y la Administración Pública Municipal, aunque publicada en la Gaceta Oficial hasta el 16 de octubre de 2017, por lo que entró en vigor al día siguiente.

Dicha norma regula el proceso de entrega y recepción de los recursos humanos, financieros, materiales y técnicos a cargo de los poderes ejecutivo estatal y municipal además de que establece plazos y responsabilidades para los servidores públicos en funciones.

En cada dependencia de la administración pública estatal deben establecerse comités de entrega que, a estas alturas del gobierno ya debieron tener varias reuniones para avanzar en el proceso. El artículo 13 de la ley en comento señala textualmente:

“Declarado electo el Gobernador del Estado por resolución inatacable de autoridad competente, comunicará al titular del Poder Ejecutivo en funciones, los nombres de las personas que conformarán el Comité de Recepción de cada Dependencia o Entidad, que se encargará de revisar la información y la integración de documentos relativos al proceso de rendición de cuentas.

“Al efecto, los Comités de Entrega y de Recepción se reunirán por lo menos una vez, previamente al inicio del período constitucional, a partir del 1 de noviembre del año de la transmisión de poderes”.

Por eso, en su discurso de este lunes, Yunes aseguró que el proceso de transición, aunque en marcha, se iniciará formalmente hasta esa fecha, aunque invitó al gobernador electo a reunirse en Palacio de Gobierno “para conversar sobre la situación general de Veracruz y referirnos al proceso de transición”.

No faltó quien recordara que en junio de 2016, después de que el OPLE lo declaró a él Gobernador electo exigió que la entrega-recepción se iniciara de inmediato, lo que obvio fue rechazado por la administración duartista, pues entonces, como ahora, la ley orgánica del poder ejecutivo, fija el 1 de noviembre para comenzarlo.

De hecho, cuando se instalaron ambos grupos de trabajo, el entrante y el saliente, Duarte ya no era Gobernador, sino su sustituto Flavino Ríos, y  los integrantes del equipo yunista detuvieron el proceso al exigir que el gobierno en funciones primero liquidara todos los adeudos financieros pendientes porque “no estaban dispuestos a iniciar el nuevo Gobierno con deudas heredadas”.

No obstante, también conviene precisar que dichos estira y aflojas tenían que ver más con la abierta confrontación política entre Yunes y Duarte que con el relevo normal de funcionarios en las dependencias, como finalmente ocurrió en diciembre de 2016.

Más todavía, entre junio y julio de aquel año, Duarte de Ochoa maniobró para lograr que el Congreso del Estado aprobara una serie de designaciones y nombramientos de magistrados y titulares de organismos autónomos, así como enajenaciones de bienes muebles e inmuebles, que no perseguían otro fin sino el de atarle las manos al gobierno entrante. Fueron los casos de los magistrados anticorrupción, el fiscal de esa materia, el Contralor General y hasta un nuevo consejero del instituto de transparencia, pero también la transferencia de activos públicos a organismos autónomos o colegiados, como la Casa Veracruz que pretendió enajenar a favor de la Comisión de Derechos Humanos y de la Comisión de Víctimas, acciones que finalmente no logró concretar.

En esta ocasión se estima y espera que no ocurra lo mismo. Tanto Cuitláhuac como Miguel Ángel han externado su decisión de que ocurra una transición tersa. Esperemos que así sea.

La caminera: para que quede claro.

No obstante el buen talante y ánimo que priva para el cambio gubernamental, hay un hecho irrefutable que ayer quedó de manifiesto en la parte final del mensaje de Miguel Ángel Yunes “El Breve”: la conciencia del enorme peso y capital político que él, su hijo y su familia toda tienen sobre el Partido Acción Nacional en Veracruz.

Respetuoso de las formas y de los mensajes que los ciudadanos enviaron de manera contundente en las urnas el pasado 1 de julio, el gobernador reconoció la plenitud democrática en la que se vive en Veracruz aunque la achacó a su propia gestión. “Con el cambio vino la democracia. Ése fue uno de los compromisos; cumplimos. Lo logramos”.

Y puso como prueba que en esta elección, a diferencia de la suya, ningún partido impugnó los resultados de la elección para gobernador. Destacó ahí una verdad irrefutable: “Las elecciones no pueden ser enfrentamiento permanente, ni avasallamiento antidemocrático. Reconocer los resultados es propio de demócratas. No se vale sólo reconocer triunfos sino aceptar derrotas”.

Además externó su deseo de que tras estas elecciones le vaya bien a Veracruz porque, sostuvo, la historia no se escribe en un día ni en un solo acto; “hay mucho por hacer, hay mucha historia que construir en Veracruz”

Pero para que quedara claro que la suya, y la de su hijo, por supuesto, no es una derrota para siempre, remató su discurso con una frase que suena igual a esperanza que a advertencia:

“Que quede claro: la lucha sigue”.

Lo que significa, sin duda, que en 2024 lo volverán a intentar. Ya se verá.

Twitter: @AngelArmengol