A 70 años de George Orwell, su ficción se ha vuelto realidad

enero 21, 2020

Diego Olivos/México.- Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell fue un exitoso escritor y periodista británico nacido a inicios del siglo pasado y que entre su legado nos aportó obras maestras como Los días de Birmania, Que no muera la Aspidistra y Rebelión en la Granja. Pero sin duda su más emblemática obra es la que hoy en día podría considerarse como una predicción del futuro: 1984.

La obra del novelista nos sitúa en un mundo ficticio donde mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo es posible; La Policía del Pensamiento; el Ministerio del Amor, que se ocupa del dolor, la desesperación y aniquila a todo disidente; el Ministerio de la Paz que desata la guerra; las máquinas dedicadas a escribir novelas que producen pornografía con la que sobornar a las masas.

Orwell nos abrió los ojos a cómo funcionan los regímenes totalitarios.

¿Profético? Posiblemente.

Un libro que se antoja profético al haber sido publicado el 8 de junio de 1949 pero ajustarse perfectamente a nuestra realidad en 2020.

En la historia, Winston Smith el protagonista, trabaja como censor en el Ministerio de la Verdad, en una constante revisión de la historia para adecuarla a las circunstancias y alianzas del presente.

Él y sus compañeros son controlados como parte de la masa por el omnisciente Gran Hermano (Una pantalla de televisión que espía a todo el mundo para cerciorarse que nadie escape de las reglas establecidas).

En la actualidad este trabajo lo tienen las redes sociales, las cuales recopilan cada gesto, compra, comentario y actividad que hacemos en internet para juzgarnos y ofrecernos lo que deseamos. Esta misma información es utilizada por políticos y grandes compañías para manipularnos y decidir nuestros gustos y aficciones. Sin embargo es más peligrosa la realidad que la ficción de Orwell. En la ficción la gente vivía en constante miedo, lo que puede generar una revolución; en la actualidad las personas creen que son ellos quienes toman las decisiones, entrando en un círculo vicioso.

Orwell entendió que los regímenes opresivos siempre necesitan enemigos. En «1984» mostró cómo estos pueden crearse arbitrariamente atizando las emociones de la gente a través de la propaganda. Pero en su descripción de los «dos minutos de odio» también previó cómo actúan las multitudes digitales.

Ahora todas las organizaciones políticas, religiosas y comerciales se dedican a alimentar sentimientos. Sorprendentemente, Orwell identificó la colusión voluntaria en el odio que semejantes movimientos puede incitar. Y por supuesto, su Winston lo nota consigo mismo.

La obra nos habla de dictadores modernos, absurdos y aterradores, los cuales hacen creer a sus pobladores que son los buenos del cuento y que solo perpetuando su poder pueden evitar caer en desgracia. ¿Suena familiar?

Orwell describía a los dictadores como nacionalistas y populistas que operaban a través de las emociones más fuertes, como el odio y el resentimiento. ¿Se te ocurre algún mandatario similar en pleno 2020?.

La ignorancia, su aliada

Uno de los mayores horrores en la distopía orwelliana es el sistemático despojo del lenguaje. El régimen se encargaba de suprimir palabras, ideas y hasta sentimientos para evitar que los ciudadanos pudiesen ver más allá de la realidad vendida.

Solo basta ingresar a cualquier red social y nos encontraremos con la simplicidad del lenguaje. Una serie de acotaciones lingüísticas que se presumen juveniles pero que limitan a la población a 5 únicas reacciones, a emojis, a nuevos términos que simplifican todo.

Los nuevos métodos de «comunicación» te permiten cerrar tu panorama a solo lo que cada quien considera correcto. Puedes dejar de seguir personas, páginas y temas enteros que no se ajusten a tu sistema de creencias y así evitar ser bombardeado por ideas que «no son las tuyas» aunque en la mayoría de los casos no son las tuyas sino el resultado de una exposición constante a un mensaje.

No hay relativismo casual en la obra de Orwell. El autor entiende perfectamente lo duro que es que las cosas sean como deben ser.

Curiosamente hay países donde el famoso libro de George Orwell está prohibido y todos han sido marcados por diveros regímenes, mientras que en países más democráticos esto no sucede.

No es solo el hecho de que vivamos en un mundo transformado por la perspicacia de Orwell acerca de lo que da forma a la opresión, sino que «1984» es también un manual para tiempos difíciles.

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