¿Descarrillar al ombudsman?

Aquel despropósito de mandar al diablo a las instituciones al calor de la contienda electoral y, sobre todo, cuando rumiaba la derrota electoral frente al panista Felipe Calderón Hinojosa, es ejemplo real de los atavismos y rencores de Andrés Manuel López Obrador.

No hay duda. Una vez que rindió protesta como Presidente de la República, emprendió la persecución y descalificación de responsables de organismos autónomos, independientes que se significan como contrapeso al poder presidencial pero han renunciado frente a la embestida presidencial y los oficiosos de rigor amén de aquellos que atienden instrucciones a trasmano.

Y todo indica que Luis Raúl González Pérez está en la mira del presidente López Obrador para descarrilarlo rumbo a su reelección e impulsar a un candidato ciudadano afín al interés de la llamada 4T.

En noviembre de este año el ombudsman cumple el periodo de cinco años para el que fue elegido por mayoría calificada del Senado; tiene derecho a una reelección de cinco años más, como lo dispone el artículo 11 de la Ley que rige a la CNDH. Pero…

Entonces, pregunta de escolapio, ¿por qué Andrés Manuel López Obrador se negó a recibir, el pasado lunes 3 de junio, al presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos?

Además, ¿por qué una senadora con evidente desconocimiento de la Ley de la CNDH y sin relación alguna con el ámbito de los derechos humanos enderezó la descalificación del ombdusman González Pérez? ¿Por puro gusto?

Es elemental que en política no hay coincidencias ni casualidades. Cuando Luis Raúl González Pérez pidió audiencia en Palacio Nacional para entregar el informe anual de actividades de la CNDH, no lo hizo por interés protagonista ni mucho menos para quedar bien con López Obrador o porque añora los tiempos del pasado reciente.

Esta no es una defensa oficiosa de Luis Raúl, él se defiende sólo, como lo hizo la semana pasada; se trata simple y llanamente de atender un caso público, de interés público y de evidente rencor presidencial –¿será?—que entraña descarrilar al ombudsman y cerrarle el paso a su reelección.

Porque, mire usted, contra esa retahíla de descalificaciones del licenciado López Obrador, el ombudsman pidió audiencia en acatamiento a lo dispuesto del artículo 52 de la ley de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos:

“El Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos presentará anualmente ante los Poderes de la Unión, un informe sobre las actividades que haya realizado en el período comprendido entre el 1o. de enero y el 31 de diciembre del año inmediato anterior. Al efecto, comparecerá en el mes de enero ante el Pleno de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión; posteriormente, presentará el informe ante el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y ante el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Dicho informe será difundido en la forma más amplia posible para conocimiento de la sociedad”.

Pero el licenciado López Obrador se negó a recibir al presidente de la CNDH y lo envió a Bucareli para que, en ceremonia privada, entregara el informe de ley a la ministro en retiro Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación.

Por supuesto, Luis Raúl González Pérez reprochó que, por primera vez en casi 29 años de existencia del organismo, el presidente de la República no haya recibido el informe anual de éste.

Y refirió que, en los cuatro años y medio de su gestión, este es el Quinto Informe y el primero que no se da frente al Presidente de la República. E hizo público que “la respuesta final ante reiteradas solicitudes (a López Obrador) fue que se entregara en la Secretaría de Gobernación”. No hubo argumentos, fue como una respuesta de Oficialía de Partes, evidente desprecio por el trabajo del ombudsman ¿y por los derechos humanos por antonomasia? ¡Caray!, la animadversión del Presidente sin rubor.

En este escenario –le digo que Luis Raúl no requiere de abogado—el presidente de la CNDH consideró francamente desalentador para la defensa de los derechos humanos que la entrega del informe no haya sido ante el presidente de la República y que se pidiera entregarlo a la Secretaría de Gobernación.

¿Qué ocurrió? González Pérez no sufre de espantos pero confió: “En un principio tenía la receptividad del Presidente de que habría ceremonia, algo pasó en el camino. Entonces, si hay un reproche, yo creo que la sociedad debería de conocerlo”.

Y qué significado tiene que un presidente que se asume de izquierda no reciba ese informe de cuyo contenido tienen derecho a conocer los ciudadanos. ”Los derechos humanos no son de izquierda o de derecha. Los derechos humanos no son de ideologías ni de partidos políticos, sino que responden a una lógica, defender la dignidad humana”, respondió.

En política, adujo, se tienen adversarios, pero en la defensa de la dignidad humana no hay adversarios. La CNDH no tiene adversarios, defiende la dignidad de todas las personas por el simple hecho de serlo. Pues sí, esa es la convicción de González Pérez, mas no la de López Obrador cuya respuesta fue ese desplante de que ha polarizado a la nación porque está en contra de los corruptos y de la simulación.

Alguien, aunque difícil en esa conferencia de prensa mañanera del martes de la semana pasada, debió haberle preguntado en qué esquina ubica a González Pérez, pero de inmediato aclaró que su lucha es contra la desigualdad y el respeto a los derechos humanos. ¿Por eso agredió y pasó por encima de los del ombudsman?

Pero luego se fue de frente y todo mundo entendió que aludía a González Pérez, en respuesta a su reproche y pontificó en términos de que en una sociedad libre, democrática, siempre habrá diferencias y que, en el caso de México hubo cambios importantes y hay quienes no quieren entender de que ya es otra realidad “y no se resignan y tampoco se actualizan”; entonces, “se aferran, cuando la realidad es otra. Mi recomendación respetuosa es que entiendan que es otra realidad (en México). Ya no es el tiempo en que se pensaba que el pueblo no contaba o no existía”.

Luego, de esa evidente animadversión contra el presidente de la CNDH entró en escena la senadora Freyda Marybel Villegas Canché, legisladora de la bancada de Morena con raíces priistas, panistas y perredistas, cuyo capital político creció cuando fue diputada local en el Congreso de Quintana Roo e integrante del grupo político del entonces gobernador Roberto Borge.

Esta es la arista de la evidente embestida contra González Pérez, porque la senadora no reparó en acusar al ombudsman de buscar rendir su informe de labores “para reiterar críticas infundadas al Ejecutivo Federal”. ¿Sabe de algún informe de la CNDH que haya llenado de piropos al Ejecutivo en turno? ¡Ajá!

Mediante comunicado la senadora Villegas Canché dijo que “se observa un proceder sistemático en las recomendaciones realizadas a la Administración Federal por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos”, casualmente al inicio de la semana la CNDH envió una recomendación, la primera en el gobierno de López Obrador a las dependencias involucradas en la violación a los derechos humanos de niñas y niños por la cancelación del Programa de Estancias Infantiles.

Bueno, bueno, es evidente que la senadora no ha leído la Ley que rige a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, porque asegura que “un genuino titular de la comisión no puede activar o congelar temas en función de su agenda personal o política”, que se sepa, González Pérez nunc ha incurrido en ese procedimiento. ¿Le sabe algo o le abre la correspondencia?

Y mire usted esta perla. Dice la legisladora quintanarroense que la recomendación por violaciones graves a los derechos humanos, derivada de la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos”, en septiembre de 2014, fue publicada dos días antes de que terminara la gestión del presidente Enrique Peña Nieto, en 2018.

Y asegura que “la presentación del informe más bien pareciera el pretexto del Ombudsman para reiterar una serie de críticas infundadas al actual Ejecutivo Federal, en un tono que nunca se le escuchó en la pasada administración pública federal”. ¡Caray! En qué país vivía cuando González Pérez presentó sus informes.

El caso es que, sin argumento legal, defendió la postura del gobierno federal de terminar con la presentación del informe anual de la CNDH ante el Presidente de la República. La maquinaria echada a andar para que González Pérez cobre su última quincena con austeridad republicana el último día de noviembre próximo. ¡Qué burda embestida! Digo.

POR CIERTO. ¿Qué le pareció al licenciado López Obrador esta recomendación contra dependencias de su gobierno por la violación a los derechos humanos de niños y niñas por la canlcelación del Programa de las Estancias Infantiles? Puntualmente la CNDH le desmanteló el montaje que, en aras del combate a la corrupción, construyó para hacerse de más de dos mil millones de pesos que destinó a ¿Pemex? Y la jurisprudencia de Chihuahua que obliga a la Secretaía de Bienestar a devolver los dineros regateados y recortados a más de 300 estancias en todo el país. ¿Primero la ley o la justicia, señorpresidente? Conste.

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@msanchezlimon

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