Disertan sobre papel de las mujeres en África

En el ciclo “Diversas, divinas y humanas. Las mujeres en el mundo, miradas desde la antropología”, efectuado en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo

marzo 23, 2022

  • La investigadora Raffaela Cedraschi Caverzasio compartió la forma en que las sociedades africanas conciben lo femenino

Ciudad de México. En la mayor parte del pensamiento religioso de la África subsahariana se considera que su dios creador es un ser andrógino, hermafrodita, el cual se autofecunda y no necesita de alguien más para crear vida; de él desciende una pareja primordial, gemelar, que muestra ya una diferenciación biológica entre lo masculino y lo femenino, lo que estará más marcado en la descendencia humana.

Como parte del ciclo de conferencias “Diversas, divinas y humanasLas mujeres en el mundo, miradas desde la antropología”, el cual desarrolla el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a través del Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM), se abordó la presencia femenina en ese continente y su papel en sus sociedades.

En la ponencia virtual Mujeres de África. Algunas reflexiones, realizada como parte de campaña “Contigo en la distancia”, de la Secretaría de Cultura federal, la investigadora del MNCM, Raffaela Cedraschi Caverzasio, afirmó que la dualidad será una búsqueda constante en el pensamiento africano: la reconciliación de lo masculino con lo femenino para la procreación; “en los yorubas de Nigeria, hay una particular veneración a los gemelos, precisamente porque se acercan a ese ideal de conjunción de ambos sexos”.

En la transmisión, efectuada por el canal del recinto en YouTube, la especialista compartió que cuando uno de los dos gemelos muere en el parto, la familia agrega, simbólicamente, una muñeca que representa al fallecido, a la cual alimentan y visten para que “no llame al vivo al mundo de los muertos”.

“La importancia de la fertilidad en África es fundamental para la sobrevivencia de los grupos. Hay una relación de la mujer embarazada con el más allá, pues además de considerarla un pilar en la sociedad africana, representa el pasado, encarna el presente y proyecta el futuro, esto último, a través de los lazos familiares y comunitarios”.

Por ello, agregó Cedraschi Caverzasio, si no hay descendencia no puede haber los suficientes rituales como para garantizar la última transformación al más allá, es decir, de difunto a antepasado, entonces, el muerto queda en el olvido.

En esa región se considera que la vida de un hombre o una mujer está en constante transformación, hay etapas claras y específicas de esta evolución, como el caso de la iniciación, mediante rituales de paso. Hay una idea de cambio, de que un ser se convierte en otro, la niña o el niño deja de serlo para convertirse en adulto, a partir de una serie de transformaciones físicas, emocionales e intelectuales que conlleva este proceso.

La transformación, físicamente, se manifiestan en los hombres con la circuncisión, mientras que en las mujeres por medio de la ablación del capuchón del clítoris y no de la clitoridectomía o mutilación genital; sin embargo, en las partes más orientales del continente, donde hay mayor influencia islámica, se lleva a cabo la infibulación (corte de labios mayores y menores de vagina, incluye el estrechamiento por sutura de la abertura vaginal).

“Estas prácticas remiten al dios creador andrógino. Al nacer llevamos esa marca de androginia en el cuerpo, lo que hace, simbólicamente imposible, la conjunción del principio femenino y masculino para la reproducción. El prepucio masculino es considerado como una especie de protección o himen femenino, por lo que hay que removerlo para que se pueda ser un hombre ‘completo’. Lo mismo sucede con el clítoris, prosiguió, al ser considerado como una especie de falo que no se desarrolló, por lo que hay que eliminarlo para que la mujer pueda ser total y absolutamente femenina”.    

Finalmente, Raffaela Cedraschi Caverzasio subrayó que el empoderamiento de la mujer africana se ha hecho sentir, sobre todo en los últimos años, y un ejemplo es el caso de Wangari Muta Maathai, hija de campesinos de la cultura kikuyu de Kenia, activista, bióloga y ecologista que ganó el Premio Nobel de la Paz, en 2004, convirtiéndose en la primera mujer africana y la primera ambientalista en obtener este reconocimiento.

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