El Guasón y su fétido tufo electoral

febrero 5, 2021

La presidencia en el exilio, aparentemente confinada en algún cómodo rincón de Palacio Nacional, sigue expidiendo fétidos tufos electorales altamente contaminantes del proceso comicial en la intermedia de todos tan temida. Es un verdadero pánico en el que ha caído el modito Tepetitán de gobernar. Y contra eso no hay remedio conocido.  

Su inseparable compañera, la mentira, reina oronda sobre todas las prisas y las ocurrencias. No hay acción de presunto gobierno que no esté fundamentada –no en la Constitución hoy celebrada y en las leyes que de ella se derivan– en el capricho. ‎La alarma es general. Todas las encuestas marcan una tendencia hacia el desastre. No es para menos. 

Reaparece El Guasón, el descenso de un hombre a la locura, personalizado en el credo pueril del destructor nato, en la ideología, por llamarla de algún modo de esa factura, demostrando que la realidad siempre puede superar a la ficción. El villano por antonomasia, el antihéroe, el ser anticlimático favorito de esta puesta en escena de la desesperación, es la indolencia. 

La sociedad civil y militar chaira viven engañadas, al menos en esa parte del pensamiento que se basa en las ideas del confinado, en las simples calcomanías que se manejan desde el púlpito de las “mañaneras” donde se usa nuestro dinero para difundir todas las zarandajas. Cinco millones de votos duros que se empecinan en dar lata lo que resta del sexenio, si antes no ocurre lo que tiene que ocurrir. Cinco millones que se pueden tapar en sólo cuatro estados norteños. 

Como en Ciudad Gótica, la población es despojada 

Los enviados de nuestro Guasón particular y de bolsillo aparecen a toda hora frente a las cámaras compradas difundiendo mensajes vulgares y francamente fastidiosos que no se sabe hasta dónde son asimilados o aceptados por la población a los que van dirigidos, como una especie de veneno electoral, altamente peligroso. 

Los obcecados de las ideas de calcomanía se aferran al poder como si fuera la única razón de ser del ejercicio de un gobierno para eternizarse y no soltar jamás el hueso. Viven y actúan motivados por el afán de reelegirse, mientras la población es despojada, como en la fantasiosa Ciudad Gótica, de los derechos fundamentales a la vida y a la dignidad. 

¿Dónde quedó el dinero para las vacunas? 

Los ridículos internacionales de la famosa rifa o venta –ya no se sabe qué fue o dejó de ser– del avión presidencial que acabó regresando al hangar de los mil millones dilapidados en Higa por el vulgar y atracador atracomulquismo–, el dinero de los fideicomisos devastados, los recursos del Instituto para volverle a robar al pueblo lo robado, fueron triquiñuelas: ¡jamás se dedicaron a la salud ni a la compra de vacunas! Sabe Dios dónde quedaron. 

Lo más seguro es que hayan servido para engordar las maletas electorales del partido oficial, el encargado de darle destino a los recursos patrimonio de la Nación en pos del gane en las intermedias. Hasta los sueldos y aguinaldos de los dichosos servidores de la Federación andan bailando. Todo es un juego chusco de birlibirloque. 

Como Trujillo, Batista, Somoza, Noriega 

Por lo pronto, el cáncer de los niños, la destrucción del sistema de seguridad popular y de salud pública, la diabetes, la hipertensión, el sida, ya no se diga el coronavirus y cualquier enfermedad de tercer nivel que se les ocurra, son un pasaporte seguro a la muerte inasistida, gracias a los resentimientos y al miedo del prócer tabasqueño, que sólo busca empobrecer y destruir a todos los demás, mientras el poder de él se salve. 

Algo que sólo se veía en las tiranías más emblemáticas de Latinoamérica. En las casas de los Trujillo, los Batista, los Somoza, los Noriega o entre las castas de cualquier Supremo que se alivian en Texas, Nueva York o de perdida en los sanatorios de mayor postín, mientras los demás pasan las de Caín bajo las cuerdas de los carteles establecidos. 

Jugosas mermas en programas sociales 

Aunque las cifras del empleo ya se las cargó el payaso vengador de Ciudad Gótica, ellos siguen pensando que sus datos son compartidos por esa franja de la población de cinco millones de votos duros que está dispuesta a otorgarles el beneficio o el maleficio de la reelección, el cheque en blanco de la permanencia para seguir chupando y sangrando a los demás.  

Y a ningún pueblo, menos al nuestro, se le puede desear tanto daño. La nueva versión cinematográfica de El Guasón vuelve a reventar los tímpanos. Y eso que se estrenó unos meses antes de que empezara la pandemia, precisamente en los momentos en que en México la destrucción era ya un hecho y el pavoroso descenso del Producto Nacional Bruto se cantaba.  

Y siguieron desfondado los programas sociales para pasarles los recursos que sirvieran para compensar las mermas de Sembrando Vida, Ninis construyendo el futuro y Adultos Mayores, con márgenes reducidos de efectividad, gracias a las rapiñas de los encargados, subsidiando las maletas para la elección y engordando las billeteras de los operadores de las obras faraónicas. 

López-Gatell, un lambiscón de vómito 

Desaparece la efectividad de Cofepris, esa institución que ya había sido aceptada por las organizaciones multilaterales de salud, y la que estaba reportando autorizaciones para que la población comprara medicinas más baratas, a un sesenta por ciento menos del valor de las farmacéuticas del cartel, lo reporta en una estupenda carta Carlos Alazraki. 

Ahora Cofepris cumple los mandatos de un malnacido como López-Gatell, la hiena del sistema de la salud, el responsable directo de la traición, el que llenó de elogios al hombrecillo de Tepetitán, «el que no podía contagiarse gracias a su fuerza moral» Un testaferro de quinta categoría, un lambiscón de vómito. 

Que le pertenece al “caudillo” Palacio Nacional 

‎Al mismo tiempo, todo huele a tufo electoral. Se exonera al contrabandista de medicamentos Carlos Lomelí y se le libra de cualquier acusación, sólo para que se registre como candidato de Morena a la alcaldía de Guadalajara, sin saber que es un caso perdido, como casi todos los demás.  

Se interpretan los delitos de violación cometidos por el toro sin cercas, Félix Salgado Macedonio, cubriéndolos con el manto de la prescripción, como si éste fuera el certificado de inocencia, Olga El Florero dixit. La misma que sostiene que el “caudillo” vive en el Palacio Nacional ¡porque le pertenece! Ya no es un patrimonio histórico de la colectividad. 

Quieren prohibir la práctica del empleo outsourcing para todos los demás, sin darse cuenta de que todo el gobierno federal está inundado de trabajadores free lance. Para empezar a limpiarse, se requiere de una inversión de seis mil millones de pesos, que nadie sabe dónde los puedan carrancear a estas alturas del partido. Porque todo está en el tufo electoral. 

Mario Marín, exsecretario particular de Bartlett 

La población se da cuenta de que, tanto López-Gatell como la dichosa Sánchez Cordero, tienen la misma afección en la columna vertebral: está culiempinada. Van en vuelo especial de la Fiscalía General de la República a España, a capturar a Alonso Ancira, el gran villano de los Altos Hornos, sólo para aterrizar en México y llevarlo a su casa, no al Reclusorio, igual que a Lozoyita, el hermano del ahijado. 

‎Ahora, el embate frontal de El Guasón y su ridícula postura antiimperialista, es contra los proyectos de inversión, contra el cambio climático, en favor del combustóleo y el carbón y por el encarecimiento de la electricidad sucia. Para taparle el ojo al macho, aprehende de mentiritas a Mario Marín, el exsecretario particular de Bartlett. Y beneficia a los tabasqueños rebeldes, condonándoles la deuda, por el miedo a ser arrasado en El Edén.  

Pero deja a salvo los derechos de Trun, su único amigo y titiritero, para que pueda lavar sus trillones de dólares lavados aunque muera el Banco de México y la calificación de nuestras reservas monetarias.  

El Guasón, enemigo público número uno 

Todo tiene un tufo insoportable a terror electoral. Sabe que puede perder… y eso le importa más que confinarse en los salones elegantes del Palacio. No tiene remedio posible. 

Hay que encontrar al caricaturista que volvió a dar vida a El Guasón, el enemigo público número uno. 

¿No cree usted? 

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