El término crisis no alcanza para reseñar lo que pasa en México

marzo 20, 2020

Desde el mando de un país la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace. La paz social, indispensable para el progreso, debe conseguirse con el convencimiento popular de que las metas buscadas llevan al ideal común, de que no se permita más a ningún grupo o clase social sacar ventajas que en estricta justicia no le correspondan.

La agenda de gobiernos responsables debe girar en torno a revertir hacia los necesitados los flujos necesarios para ofertarles servicios educativos, capacitación laboral, salud pública, vivienda, alimentación adecuada, seguridad pública y social, asistencia, cultura, recreación, deporte y cuidado del medio ambiente.

Instituir, con los pocos recursos excedentes del gasto etiquetado para cumplir los compromisos más apremiantes, un Estado que abogue por el bienestar de la población en situación de vulnerabilidad, para integrarlos, no asimilarlo, al trabajo y la productividad, logrando simultáneamente fortalecer el mercado interno.

En un panorama de estrecheces económicas, ante un futuro presupuestal incierto por la baja sensible de entrada de divisas por exportación al país, ante una planta industrial devastada y una economía seca por las erróneas decisiones y las excesivas sustracciones de circulante monetario, ¿cuál es el futuro?

Lo que estamos viviendo es una tragedia inenarrable

Cuando todo se derrumba, a lo que sucede no se le puede catalogar con una sola palabra del lenguaje político, ni académico. Las palabras se estrellan ante su desgaste, se desacreditan, como nuestra propia confianza y credibilidad. Como estamos ya desgastados ante nuestra época, ante nuestra generación y ante nuestro mundo.

El término crisis es insuficiente, ya no quiere decir algo, no significa casi nada. Lo que estamos viviendo es una tragedia inenarrable, impredecible en sus consecuencias, inimaginable en cualquier régimen de la naturaleza, la ideología y la crueldad que sea.

‎La palabra crisis no alcanza para calificar lo deletéreo, lo abominable de las dimensiones de corrupción, cinismo, sadismo, sevicia contra el pueblo, impunidad, saqueo de la soberanía nacional y ridículo internacional de un puñado de inmunes, improvisados… y francamente peligrosos.

El fraude perfecto: manipular las cotizaciones de la Bolsa

Hasta las rondas de la desafortunada subasta petrolera han sido despreciadas, no por el actual bajo precio circunstancial del petróleo, pues todos sabemos que las inversiones fuertes en ese sector no se hacen pensando en el corto plazo.

El precio de las commodities o materias primas siempre se encuentra sometido a las presiones, al sube y baja de las tensiones internacionales, y eso lo saben mejor que nadie las grandes compañías petroleras. No participan, en el fondo, porque desconfían de la desmedida ambición y codicia de quienes subastan los permisos.

Y porque también saben que ya urdieron todos los mecanismos de exacción para que los activos de las empresas deban cotizar en la Bolsa de Valores local para manipular las acciones en el mercado bursátil y chupar sus beneficios al portador de los que extienden las concesiones. El fraude perfecto.

Las infamias se reflejan en los bolsillos vacíos de los mexicanos

‎Ninguna compañía que se respete en el mundo, no las que han participado como colchones de los prestanombres nativos, bueno, ni las que han explorado y explotado a nuestras espaldas los depósitos petroleros someros y de aguas profundas desde hace cien años, confían en los operadores de las impúdicas rondas.

Pusieron al frente de las decisiones estratégicas de los negocios del Estado a una caterva de improvisados que han desmantelado industrias que antes eran el orgullo del nacionalismo mexicano. Hoy somos un pueblo endeudado, defraudado y desarmado. Sin cara que dar al mundo.

Todas las infamias hoy se reflejan en los bolsillos vaciados y volteados al revés del noventa y nueve por ciento de los mexicanos. Se secó la economía y se destruyó la planta productiva. Se sustrajo dinero para futuras campañas intermedias y presidenciales del partido oficial.

Delitos de lesa humanidad nos han desacreditado ante el mundo

La procuración e impartición de justicia y el sistema de seguridad pública y nacional están en manos de ignorantes, paniaguados y desleales a la información clasificada, la que reparten a diestra y siniestra, no obstante haber pasado con éxito todos los supuestos exámenes patito de confiabilidad.

Los delitos de lesa humanidad han arrojado sobre nuestro país un manto de descrédito y podredumbre.

Y los causantes de este estercolero repiten que no hay crisis

La fuga estructural de capitales es la respuesta de descastados que fueron desplazados de los negocios del Estado para premiar a un puño de favoritos neoliberales, supuestamente adversarios de la Corta Transformación. Las obras faraónicas cedieron su lugar a las obritas de rancho.

El premio es otorgado por quienes se empeñan en favorecer a sus socios y cómplices de siempre, los que iniciaron los contubernios desde hace varios sexenios. Un auténtico y nocivo prevaricato cuya definición jurídica le queda auténticamente chica.

Los causantes de este estercolero no se cansan de repetir que la devaluación del peso es benéfica para el país, que deben aprovecharla las trasnacionales que exportan los carros que aquí ensamblan y los holdings hoteleros, intocables fiscalmente.

Corrupción e impericia de quienes hoy “gobiernan” a la Nación

El único circulante que corre es el del trasiego y las remesas, a punto de ser gravadas. Los narcotraficantes proporcionan empleo, orientan los negocios, convocan y adoctrinan en reuniones secretas a los gobernadores y mandatarios, e imponen sus condiciones.

Son los verdaderos dueños de esta economía sangrante. La economía de los desalmados. La crisis es la evidencia del robo desenfrenado y esquizoide, de la ausencia de mínimos valores en los que “gobiernan” la Nación, de la impericia para manejar un cataclismo provocado y maquinado con ventaja.

‎El término crisis es insuficiente para reseñar lo que está pasando en México.

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