Laura Restrepo, entre literatura, periodismo y mito – El Democrata

Laura Restrepo, entre literatura, periodismo y mito

septiembre 18, 2022


  • En la efervescencia democrática que vive América Latina, la labor de quienes hacen periodismo ha sido clave, dijo la escritora
  • Considera que las universidades de México están formando gente con pensamiento crítico

Karina de la Paz Reyes Díaz

Fotos: César Pisil Ramos

18/09/2022, Xalapa, Ver.- Hace unos días, la escritora colombiana Laura Restrepo visitó Xalapa por vez primera, donde se encontró con un amigo al que le tiene “mucho miedo”: el Xipe Tótec “Nuestro señor el desollado”.

“Yo no creo ni en Dios ni en el diablo, pero en el Xipe Tótec sí”, con esta frase inició una entrevista en la que compartió no sólo de sus creencias, sino de sus apuestas personales en el mundo de las letras, el momento histórico que vive su país, y América Latina en general, incluso de la labor que hacen las universidades de México en la vida contemporánea.

Llegó a esta ciudad para presentar en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2022 de la Universidad Veracruzana (UV), su más reciente libro Canción de antiguos amantes, publicado por Alfaguara.

Pero su visita inició en el Museo de Antropología de Xalapa, (MAX), recinto igualmente universitario, y ahí se encontró con el Xipe Totec: “Lo encontré grandote, además”, dijo feliz.

A la también periodista desde siempre le han obsesionado las máscaras y lleva mucho tiempo estudiándolas. Era pequeña cuando en un centro comercial en Miami, Estados Unidos, se encontró con Santa Claus y lo miraba y entendía que había una “cara detrás de la cara”.

Tanto la inquietó esa persona con “doble cara”, que desde entonces las máscaras son un tema sumamente interesante para ella. Pero de todas las máscaras y vestimentas extrañas, la de “Nuestro señor el desollado” la tiene en un lugar aparte: “¡Está preciosa!” y está vestido con una piel ajena, que se coloca encima, apuntó emocionada.

¿Qué disfruta más hacer, literatura o periodismo?
Justamente el placer está en mezclarles con toda la libertad del mundo y echar mano de las herramientas de la una y del otro, nadie tiene por qué decirnos “pongan barreras”. ¡Sin purismos! Hoy en día la novela y el periodismo encuentran el reto en una competencia con la novela gráfica, las series, los videojuegos.

Si nos atenemos a que todo es puro y lo que es ficción es ficción y lo que es real es real ¡nos va a tragar el tigre! Hay que abrirse a que la novela es un campo de exploración, no el cumplimiento de fórmulas fijas.

Por ejemplo, en la novela Canción de antiguos amantes, primero abolí el orden lineal del tiempo, puse pasado, presente y futuro a funcionar simultáneamente; luego, es un reportaje, porque la base son reportajes que hice para Médicos Sin Fronteras (organización médica y humanitaria internacional), y al mismo tiempo es ficción, es mito y es realidad. Es un ejercicio de romper las barreras entre los géneros.

¿Qué opina de la literatura de no ficción?
Toda literatura es de ficción.

¿No cree en la literatura de no ficción?
No existe. En lo que sí creo es en una subjetividad honesta. Uno puede ir, investigar y registrar su propia visión con toda honestidad y buena fe, pero siempre sabiendo que ésa es tu versión de las cosas.

Entonces, ¿periodismo o literatura? ¡Por favor! Si siempre estamos haciendo literatura, aun cuando estamos haciendo periodismo. Eso no le resta al periodismo ningún peso; el periodista es una persona honesta, que trabaja para dar su versión lo menos tendenciosamente posible, tratando de entender al otro.

¿Se apoya de las metodologías de uno y otra para su obra?
Yo siempre. Es lo que vengo haciendo hace tiempo. Al principio empecé con puros reportajes, con libros como Historia de un entusiasmo; pero en la primera novela que escribí un capítulo era de periodismo –investigación histórica– y el otro de literatura.

En la FILU 2022 presentó su más reciente libro, acompañada de Alfonso Colorado, titular de Difusión Cultural y Leticia Mora, presidenta de la Junta de Gobierno

En ese momento todavía no me atrevía a mezclar mucho –estoy hablando de 1980–. Los separé por capítulos y me dio mucha lata que me lo publicaran, me sugirieron quitar uno, dejar lo periodístico o lo de ficción, pero lo que yo quiera trabajar es la intersección de los dos géneros.

¿Es su propuesta personal?
Siempre ha sido. Y no sólo de los dos géneros, también ahora el mito. Creo que en estos tiempos tan complejos en que no sabes si llegamos al final del camino como raza humana, el recurso de los mitos se vuelve fundamental –por eso el Xipe Tótec, insistió–.

Viejos mitos que nos ayuden a entender qué es el ser humano, qué ha sido, cómo ha querido verse a sí mismo. Entonces, en esta nueva novela, tomé un trasfondo mítico y sobre ése encajé los reportajes que iba haciendo.

¿Qué opina del periodismo que hacen las nuevas generaciones?
Es una multitud de mujeres latinoamericanas haciendo un juego maravilloso de periodismo y literatura, con resultados de una novela potentísima. Hay muchas muy buenas novelas, que al mismo tiempo nos hablan de realidades muy crudas. Me parece fantástico.

Creo que se necesita eso para investigar lo que viene. No sabemos qué cara va a tener la humanidad. No podemos venirnos con viejas fórmulas.

Te puedo mencionar a muchas, entre ellas mexicanas, que están haciendo cosas fantásticas. Están haciendo explosión con una fuerza enorme; tanto, que después de leer cosas de ellas, una empieza a leer cosas viejas y a sentir que se pasaron.

Claro que también hay hombres en ello, pero las mujeres tienen su propia realidad oculta, que está haciendo explosión; una cantidad de secretos, de trapos sucios que empiezan a lavarse en público y eso produce una literatura muy poderosa. Además, porque son muy buenas.

Inevitable preguntarle ¿de qué manera vive el proceso de transición política de su país, Colombia?
¡Feliz! Yo milité 10 años en el M-19 (Movimiento 19 de Abril), fui negociadora de paz hace 40 años. Para nosotros que hemos vivido todo este proceso, es la muestra de que América Latina sí conoce de democracia.

¿En qué país europeo tú ves que a un ex guerrillero le permitan llegar a la presidencia de la república o que un ex guerrillero sea un constitucionalista que impulsó la asamblea constituyente, que ha venido peleando –pese a atentados contra su vida– defendiendo la constitución?

Entonces, que no nos digan que nosotros somos los atrasados. Yo creo que la democracia se está trabajando más fuerte en estos países. Ahí está todo el proceso de Chiapas, México; en determinado momento, tenía un liderazgo mundial de la gente que quería hacer un cambio.

Hoy en día hay una serie de presidentes liberales con interés en el pueblo, que se atreven a nombrar la pobreza. Hace seis años, presidente que hablara de pobres se le tildaba de populista.

Yo estoy muy contenta con América Latina y con Colombia en particular, con una vicepresidenta negra, que es un mujerón divino: minera, proveniente de uno de los pueblos más abandonados y pobres. Una mujer que empieza como dirigente cívica, defendiendo los ojos de agua ante la minería y que se convierte en figura nacional con una consigna que una no puede creer: “¡Para que la dignidad se haga costumbre!”.

¿En esta efervescencia democrática latinoamericana ha abonado algo el periodismo?
Ha sido clave a pesar del montón de periodistas asesinados y en el exilio. Así como los grandes medios están al servicio del poder y de inventar una especie de “historia oficial”, yo creo que la información en la democracia se ha mantenido gracias a los reporteros que, a riesgo de su propia vida, se meten y cuentan la historia de una manera distinta. Construyen la memoria de abajo.

En esta feria acabo de recuperar un libro que se me había perdido, Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista, de Miguel León Portilla.

“Creo que las universidades están formando gente con pensamiento crítico, con audacia y un montón de imaginación”

La visión de los vencidos creo que ha sido la clave de muchos periodistas, reporteros latinoamericanos: reconstruir la versión de los que fueron derrotados sistemáticamente –indígenas, negros, mujeres, ancianos, pobres–. ¡Todos los abandonados de nuestras naciones, por décadas! Porque venimos de un pasado y un nivel de discriminación y desprecio por los de abajo muy angustioso.

¿Y la literatura, qué papel ha jugado?
Ahí tiene uno que ser enormemente discreto. ¿Para qué sirve un libro entre miles de libros? Pero, precisamente, en esta novela cuento una situación que me tocó vivir mucho en Yemen, y en la frontera de Somalia y Etiopía:

Las mujeres migrantes llevan una bolsita de plástico colgada con papelitos escritos en varias lenguas donde dicen: “Me llamo fulana, dejé a mi madre en tal pueblo, si la ven díganle que la recuerdo”, “Tengo un hijo enfermo de tal, necesita tal medicina”.

Esos papelitos los entregan a quien ven que es extranjero. A mitad del desierto las mujeres vienen quemadas de sol y sal, en harapos.

¿Qué es ese papelito? Significa: “Yo estoy aquí, existo, mi vida ha sido difícil, pero sigo peleando”.

Acabas con los bolsillos llenos, porque todas te entregan papelitos y yo pensé: “Si sirven esos papelitos, también sirve un libro, como constancia. Aquí estamos, seguimos dando la pelea. Somos seres humanos, estamos a punto de desaparecer pero todavía no hemos desaparecido. Si sirven los papelitos, un libro que les haga eco”.

¿Qué mensaje le gustaría dejar a la comunidad universitaria?
Vengo de la Ciudad de México, llevo una semana larga, con entrevistas cada media hora; la gran mayoría con gente muy joven, de facultades de Letras, reporteros, blogueros, y estoy asombrada con su inteligencia.

Y por inteligencia te digo no tanto acumulación cultural como la capacidad de pensar con rebeldía. Estoy maravillada, con cada uno de ellos y ellas la conversación ha sido un placer.

En México está pasando algo muy importante: creo que las universidades están formando gente con pensamiento crítico, con audacia y un montón de imaginación. ¡Estoy muy encantada!

Botón volver arriba