Nuestras sospechas, confirmadas: fracasó la 4T

abril 16, 2021

En una reunión del gabinete francés en pleno dijo Talleyrand, delante del Emperador: «Conozco a alguien que tiene más espíritu que Napoleón, que Voltaire, que todos los ministros presentes y futuros: la opinión pública». La voz del pueblo es la voz de Dios.  

Y es que entre las potestades de la opinión pública están los fundamentos de la transparencia, de la honestidad, y de la vida democrática en general, es decir, en la base de todas, está el derecho del ciudadano a la sospecha. Ésa que en los regímenes fascistas quiso ser extinguida, vaciada de contenido, sigue siendo el reducto frente a cualquier despotismo o tiranía.  

Mientras viva, la sospecha seguirá siendo la plataforma de la vida civilizada. Porque nadie puede mandar si se excusa de ella, nadie puede imponerse por encima de la razón y de la ley, menos cuando se pretende jugar con los proyectos prioritarios a la salud, la seguridad y la alimentación.  

Los proyectos prioritarios de la supervivencia, ésos que consumen el esfuerzo pecuniario de todos los ciudadanos, de todos los habitantes, están por encima de cualquier aprendiz de dictador. Son el fundamento de toda pregunta sobre la marcha racional de cualquier gobierno. 

Nadie puede sentirse exento de la sospecha pública 

Peor, cuando los datos duros se imponen a la propaganda de Estado, todos estamos, gobernados y gobierno, bajo sospecha improrrogable, inexcusable. Hacer mutis frente a ella pone en riesgo la forma de convivencia, el arreglo social en el que el poder se ejerce a través de reglas obligatorias. 

Nadie puede sentirse exento de la sospecha pública. En una sociedad abierta, la sospecha es la prerrogativa por excelencia de la opinión ciudadana. Es un derecho fundamental que puede y debe oponerse frente a cualquier régimen político, cuando se presuma que se vive en un estado social y democrático de derecho. 

Forma parte del catálogo de preguntas esenciales y la repuesta debe ser ineludible, inaplazable y comprobable. Así de poderosa es la sospecha en un régimen democrático.  

Estamos atrapados, sin tener una mínima esperanza 

Los mexicanos hemos confirmado que todas nuestras sospechas eran ciertas. Nuestra atención puesta desde un principio en el desmantelamiento del país con la 4T, el brote del coronavirus que le vino “como anillo al dedo” y el rebrote del estado psicótico del mandatario, hoy han hecho eclosión. Se han manifestado como una marea que arrasa con nuestro asombro y con las bases de nuestra convivencia.  

Los tres brotes han evidenciado a los ojos de todo el mundo que los mexicanos estamos atrapados, sin tener una mínima esperanza de que todo se rectifique desde la sanidad de la cordura, desde la detente a la farsa de los caprichos costosísimos de un enajenado en el poder. Las escenas de la represión y las respuestas que dio el gorilato han causado sorna y lástima.  

Todo el mundo ha atestiguado que un pobre sujeto sin atributos, mal equipado intelectualmente, ignorante y soberbio, está arrasando con este país. Ha sido testigo de su precipitación personal, de su desmoronamiento moral y de su desquiciamiento muy parecido al de Gustavo Díaz Ordaz. ‎Ya ninguna mentira puede sostenerse. Los hechos hablan. El país quebrado, también.  

Y apenas hemos sobrepasado los idus de marzo 

El derecho fundamental a la sospecha ya es el derecho fundamental a la información de lo que está pasando en los círculos allegados a Palacio Nacional, donde los más cercanos buscan la puerta de salida para deslindarse del energúmeno. Nadie quiere estar cerca de él, ni en los coletazos que vienen, ni en la derrota, pues saben de qué es capaz ese cerebro atormentado. 

Los tres brotes: el desmantelado de la economía por la 4T, el del coronavirus indetenible con sus recetas de hechicero de tercer talón, y el rebrote psicótico de la represión y de la desesperación para mantenerse en el poder a como dé lugar han dado la puntilla. 

Han desnudado al régimen de los improvisados, de los farsantes, del dispendio y la corrupción sistemática. Ya nadie sabe para dónde hacerse, saben que el fin está cerca, más cerca de lo que imaginaron. Porque ya no hay dinero que alcance para cubrir todas las fallas… 

…ni para tamaña ineptitud, ni para tanto agravio ciudadano. La crasa indolencia que hemos observado ciento treinta millones de mexicanos se ha conformado cuando el dinero se les acabó…y el año apenas ha sobrepasado los terríficos idus de marzo. 

Comedia de equivocaciones y de dispendios ridículos 

Porque con los billones de pesos que han tirado al caño, México podría haber ingresado exitosamente a la economía del conocimiento, podría haber solucionado todas las emergencias, atendido lo importante, resuelto lo urgente, y arribar al desarrollo.  

Pero no. El gobiernito prefirió insistir en explorar y explotar yacimientos petroleros inexistentes, hacerse de la vista gorda ante el huachicoleo en mar y tierra, rentar decenas de miles de camionetas para la Guardia Nacional y engordar las maletas electoreras de los programas sociales fallidos. 

Toda una comedia de equivocaciones y de dispendios ridículos, trágicos y ñoños, según el estado de humor del que lo vea.  

La Cuarta Corrupción decidió doblegarse ante la crisis estructural provocada por ellos mismos, con el mismo jueguito de invertir cantidades estratosféricas de nuestro dinero en un pozo sin fondo que nos arrastra ‎cada día hacia la desgracia de la devaluación, la inflación y la hambruna generalizada. Duele decirlo, pero es la verdad. 

El fracaso del régimen que nunca nació 

Los engaños en los ramos de la salud, en los programas clausurados de alimentación y promoción agropecuaria, en la sequedad económica provocada por las parálisis en las inversiones públicas, sociales y privadas, forman parte de una bien tendida urdimbre de maldad a partir del desquiciamiento mental. 

Después de la represión del gorilato lopezobradorista sobre la marcha de las mujeres‎, todo augurio ha sido rebasado por la realidad. Todas las sospechas de la opinión pública han sido confirmadas: este es un fin de ciclo político, el fracaso del régimen que nunca nació.  

Sólo queda el expediente de la renuncia, antes de que sea demasiado tarde y ya ni ésta sea solución, porque el pueblo haya rebasado los procedimientos políticos y constitucionales. El hartazgo es real. Hemos llegado al fin del principio. 

¿No cree usted? 

Índice Flamígero: Si teníamos la sospecha de que al “caudillo” las leyes le vienen valiendo gorro, ya lo confirmamos con sus asertos de estas horas recientes: que a través de un call center se pregunte al pueblo si quiere como candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero a Félix Salgado, porque el pueblo es el del poder y no las instituciones a las que alguna vez ya mandó al diablo. 

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