ONU y oposición suman críticas al gobierno de Daniel Ortega

Managua/Notimex. A la crítica postura de diferentes sectores de la sociedad nicaragüense que lo acusan de totalitarismo y le exigen que renuncie, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, sumó esta semana una postura internacional en su contra proveniente de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

En el marco de la crisis política que vive el país centroamericano desde hace un año con muertos, heridos, encarcelados y exiliados, el Examen Periódico Universal (EPU) 2019 le recomendó que respete los derechos humanos, permita la libertad de expresión y que cese la represión contra las protestas ciudadanas.

Francia y Japón recomendaron a Ortega que permita elecciones libres y que vuelva al diálogo con organismos pro derechos humanos que fueron expulsados en 2018; Estados Unidos recomendó castigar a funcionarios y agentes acusados de abusos, asesinatos, desapariciones y torturas, mientras que Rusia, Irán, Venezuela y Cuba llamaron a seguir defendiendo la paz y sostener el progreso social en Nicaragua.

Destacadas escritoras como Gioconda Belli y Daisy Zamora, excompañeras de lucha como la excomandante Dora María Téllez y líderes estudiantiles como Harley Morales, hablaron en las últimas tres semanas con Notimex y expresaron su sentir respecto a lo que consideran “su lucha” contra Ortega, cabeza de la gesta del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) contra Anastasio Somoza.

Los cuatro disidentes coincidieron en señalar que el gobierno de Ortega es totalitario, una dictadura, que está aislado del mundo, que mantiene como rehén a los más de siete millones de nicaragüenses, y advierten que las protestas seguirán hasta hacer que el presidente renuncie o abandone el poder. Todo sin armas.

La escritora Gioconda Belli, una de las escritoras contemporáneas más importantes de América Latina con más de una docena de novelas, ensayos y poesía traducidos a casi 20 idiomas, sostuvo que el presidente ha convertido su gobierno en un régimen totalitario que coarta libertades y las enfrenta con represión y “acciones mesiánicas”.

“No calculó que su plan implicaba reducir el nivel de libertad de la gente a cero», sostuvo Belli durante el diálogo con esta agencia de noticias.

“Tomó los poderes del Estado y evitó la participación de la oposición, manipuló las elecciones para poder tener mayoría en la Asamblea Legislativa», cambiar la Constitución y garantizar su reelección indefinida y de forma inconstitucional nombrar a su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta, abundó.

«Cuando Ortega trató de hacer una reforma al sistema de seguridad social y se dieron las protestas reprimió violentamente a los ciudadanos que no estaban de acuerdo», dijo la también publicista, política, feminista y exguerrillera al recordar las manifestaciones de protesta que comenzaron hace poco más de un año.

La crisis de Nicaragua ha dejado –según diversas fuentes extraoficiales- más de 400 muertos, centenares de heridos, millones en pérdidas económicas, miles de empleos y miles de exiliados que recibieron amenazas, asedio y persecución por participar en las protestas antigubernamentales.

De acuerdo con organismos de derechos humanos en Nicaragua hay más de 600 personas encarceladas y al menos 200 con algún tipo de medida cautelar por participar en las manifestaciones.

Pese a los comentarios previos, Belli recalcó que el diálogo es muy importante. Pero «para que haya un diálogo realmente útil tiene que haber voluntad de las dos partes de llegar a acuerdos verdaderamente constructivos y tendientes a lograr una solución pacífica de los conflictos», puntualizó al demandar respeto a la disidencia.

Al referirse a México como posible intermediario para solucionar el conflicto, expresó con seguridad: «si puede jugar un papel importante como lo ha jugado a lo largo de la historia de América Latina».

“Estamos preocupados porque exista una percepción en México de que Daniel Ortega está siendo cercado por Washington, no se trata de eso, realmente este es un movimiento popular espontáneo que ha surgido del seno de la población», enfatizó.

En otra postura crítica, la también escritora, exguerrillera y activista cultural Daisy Zamora manifestó que en su país ha estallado una verdadera insurrección cívica, generalizada y masiva. Una revolución que se está librando en las calles, pero sin armas, usando solo los recursos al alcance del pueblo.

«En nuestra historia trágicamente plagada de guerras civiles, esta forma de lucha popular es inédita, y me parece un cambio de rumbo en nuestra cultura y un avance importante en nuestra sociedad, porque abre la posibilidad de la refundación del Estado», enfatizó Zamora, quien se sumó en los 70 al entonces guerrillero FSLN.

A casi 40 años de la gesta revolucionaria, dijo, «la cultura nicaragüense ha sido vapuleada por el terrorismo de Estado bajo la dictadura Ortega-Murillo». Enfatizó que “la represión brutal y desproporcionada ante cualquier intento de oposición o de protesta, por mínimo que sea, ha devastado a muchas familias y comunidades».

Según Zamora, la represión impuesta por el gobierno a través de la policía y grupos paramilitares ha generado el nacimiento de una cultura popular creativa en la que proliferan canciones, poemas, coplas, grafitis, instalaciones, esculturas, pinturas, fotografías, carteles, caricaturas y memes, circulan chistes y anécdotas, y ocurren espontáneamente danzas, bailes, y performances callejeros.

La escritora sostuvo que «los Ortega-Murillo y sus cómplices están llenos de robos, de abusos, de latrocinios y de crímenes». Manifestó que ellos «no son más que una mafia, un cártel o una mara siniestra que no tiene absolutamente nada que ver con todo lo que fue el FSLN y lo que representó en el pasado. El país es rehén de esa familia».

Por su parte, la excomandante guerrillera Dora María Téllez, una «histórica» dirigente del FSLN, destacó que en la actualidad a la dictadura familiar se le enfrenta con la lucha cívica, porque la vía armada está descartada.

También remarcó el papel de la juventud, que ha pagado un «precio muy elevado» por sus manifestaciones. Gran parte de los asesinados eran jóvenes estudiantes de secundaria, trabajadores o de estudios universitarios.

Ortega y Murillo se encuentran aislados en el país y el mundo, y se sostienen por la represión y la violencia, enfatizó Téllez al definir la situación. “El régimen se encuentra en completa crisis, (y) aún rechaza la búsqueda de una salida que pasa por la liberación de los presos políticos, el cese de la represión y las violaciones a los derechos humanos», añadió.

«También (pasa por) elecciones adelantadas y reformas electorales para asegurar que sean limpias, transparentes e incluyentes y el establecimiento de acciones para procurar justicia a las víctimas de sus crímenes y represión”, resumió la exguerrillera que encabezó el sonado caso del comando que en 1978 asaltó el Palacio Nacional.

“Tratamos de enfrentar este nuevo desafío mediante la lucha cívica, alejándonos del patrón de guerra civil o lucha armada. Eso constituye, en sí mismo, un aprendizaje fundamental para la sociedad nicaragüense y sienta las bases para un proceso de reconstrucción democrática del país”, enfatizó al coincidir en este punto con su colega Belli.

En el plano internacional, subrayó, “se ha comprendido que la naturaleza del régimen es represiva y que para lograr que se siente en la mesa de negociación para buscar una solución, requiere de sanciones que le hagan saber que no tiene margen para ganar tiempo, seguir reprimiendo o reciclando la dictadura”.

«El movimiento popular nicaragüense es actualmente plural. La juventud, los estudiantes, el movimiento campesino, las feministas, organizaciones comunitarias y sociales, las personas que se denominan ´auto convocadas´ son expresión de la riqueza de un movimiento social amplio, al que también se han sumado las asociaciones de familiares de presos y de familiares de asesinados, y en las últimas semanas una organización de excarcelados”, detalló.

Sobre la eventual participación de México en una eventual mediación para resolver la crisis, Dora María refirió que ese país “es miembro del Grupo de Trabajo para Nicaragua, organizado en la OEA. En ese contexto, esperamos del gobierno mexicano que continúe pronunciándose, como lo venía haciendo, contra las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen”.

“Esperamos también que se sume a los gobiernos que están activamente promoviendo la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a la dictadura, que se niega a buscar una solución al conflicto en el país», consideró Téllez.

«La gestión del gobierno de México para que el régimen de Ortega cumpla los acuerdos a los que se comprometió sería muy importante. Así como su gestión para lograr elecciones adelantadas, justas y transparentes, y sentar las bases del logro de justicia”, mencionó.

Para los jóvenes, en la voz del líder estudiantil Harley Morales que hace parte del liderazgo que toma decisiones sobre las movilizaciones, la “única manera de hacer renunciar” al presidente es una mayor protesta pacífica organizada, puesto que Ortega se ha convertido en un obstáculo, un peligro y un factor de desestabilización, y es incapaz de gobernar.

“Estamos viendo que Ortega no tiene voluntad de negociar”, por eso “debemos tomar las calles, porque es a lo que más le teme”, sostuvo el promotor de la nueva plataforma política “Con Vos”. A un año de que estallara la crisis, señaló, Nicaragua es un mar de incertidumbre, pero vale la pena seguir luchando para que los nicaragüenses recuperen la certeza de su vida.

Los nicaragüenses piden elecciones anticipadas “no por capricho”, sino porque Ortega ya no es capaz de gobernar, se ha debilitado a raíz de los crímenes y la violación de los derechos humanos de la ciudadanía, y la ruptura de su alianza de 11 años con la Iglesia católica y el sector privado, indicó el joven de 27 años.

Desde que comenzaron las protestas, Morales y otros estudiantes de la Universidad Centroamericana (UCA) se comenzaron a reunir de forma clandestina para “dirigir mejor” la lucha y crearon la Alianza Universitaria Nicaragüense (AUN), la cual se unió a otros jóvenes organizados en la Coalición Universitaria.

A lo largo de la crisis social y política en su país, Morales, al igual que centenares de jóvenes, se ha visto obligado a vivir en diferentes sitios clandestinos para salvaguardar su integridad, lo cual le ha mantenido sin ver a su familia por periodos de varios días y meses, pero confía en que “todo esto va a cambiar”.

Notimex solicitó al gobierno de Nicaragua reacciones a los comentarios de los disidentes, pero no ha recibido respuesta al momento de la transmisión del presente despacho.

-Fin de nota-

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