Relanzamiento de la 4T o, de una vez, réquiem por Morena

En momentos en que los morenistas esperan su relanzamiento o la misa de réquiem oficiada por su valedor, se suscitan desencuentros al interior de ese partido, justo en el corazón de sus bases, con desfondes de militantes arrepentidos o decepcionados, y hasta una luz al final del túnel que nadie acierta a catalogar si se trata de una que es esclarecedora o de un ferrocarril en sentido contrario.

Morena puede ser la organización emblemática de esas que nacen y se extinguen después de conseguido el propósito electoral. Nadie ha podido darle un objetivo programático, ni alientos, ni ideología propia, ni capacidad de estructuración para hacer frente a los desafíos que vendrán ante la inminencia de las elecciones intermedias de diputados y gobernadores.

Todo lo que hemos visto hasta ahora es el zafarrancho. La rebatiña por las prerrogativas, ‎el uso faccioso de las fracciones parlamentarias para conseguir objetivos de corto plazo del oficiante mayor, el encono y distanciamiento entre sus cuadros dirigentes y el aquelarre mayúsculo cuando se trata de nadar sin vejigas.

Hasta el uso del presupuesto público acordado para los Jóvenes Construyendo el Futuro fue sometido al bolsillo de una aspirante a dirigir Morena que reventó en el camino, hasta que el Caudillo pudo darse cuenta de que con su llegada estaba alentando al coyotaje de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

Morena, una capilla política diseñada para obedecer ciegamente al pastor

Hasta ahí una corta historia en la que todos apuestan por la entronización de la voluntad del Caudillo, al fin a él se deben y en el confían, como si se encontraran en medio de un páramo desierto de doctrina, principios, estatutos y programas de acción. Todo brilla por su ausencia y más parece un juguete al servicio del capricho.

Se trata de una capilla política diseñada para obedecer ciegamente al pastor. La liturgia elemental señala una claque de valentones y salidores dispuestos para cualquier pelea de callejón. Más allá de eso, no existe nada. Fuera de esos parámetros, no existe más que el suicidio político, la renuncia, la deserción y el aniquilamiento.

Por eso, mueve a risa loca esa jalada de autoerigirse, a través de sus congresistas, como una Asamblea deliberante, incluso Constituyente, dice el boletín oficial, para fijar las líneas de acción de la Cuarta Transformación. Diputados federales y locales, y senadores de Morena, PT, Encuentro Social y Verde Ecologista fundan la avanzada de papel.

El asunto ya habría fallecido, de saberse que es para la reelección de ya saben quién

Como ya hay pocos que se tragan enteritas las ruedas del molino, tal parece que se trata de esas voladas retóricas, para salir en la foto, para inventar slogans y para quedar bien con quien los puso. Nadie sabe explicar para qué quieren fundar una corriente de próceres y padres conscriptos ¿para enseñar cómo se echan a perder las cosas?. Nadie sabe qué quieren.

Si se tratara de enseñar cómo se pueden perder votaciones de mayoría simple ante una iniciativa de legislación secundaria, si se tratara de mostrar a los demás cómo se fabrican marranadas de votaciones como ésa que ungió a Rosario Piedra como la ilegítima presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, bien.

Si se tratara de cómo aplaudir cualquier ocurrencia del Caudillo, o de cómo apoyar a los diputados locales de Baja California en esa aberración anticonstitucional de prolongar el periodo gubernamental de Jaime Bonilla, o cómo se pueden habilitar las votaciones a mano alzada como referéndum o plebiscitos, no pasaría gran cosa.

Pero si se trata del verdadero objetivo que a lo mejor ni ellos saben cuál es, si se explicara que la verdadera razón de ser de esa «Asamblea Constituyente» es reformar la Carta Magna para permitir de una vez por todas la reelección del Caudillo, jure usted que el asunto ya hubiera fallecido desde antes.

De ícono de la honradez, a comerciante de los intereses superiores de la Nación

Porque los buenos tiempos de Morena ya pasaron a mejor vida. En las Cámaras de diputados y senadores se siente la partición de las bancadas, la extinción de la fracción para cosas mayores que no sean defender las dietas. Un desánimo cunde entre los otrora honestos valientes. Saben que sus días están contados.

Y más, cuando reflexionen en que se reventaron los candidatos de dos de las figuras emblemáticas de la Cuarta Transformación: Monreal y Ebrard. O cuando sepan que Yeidckol fue la cuña que se apretó para no dejar llegar a Berta Luján, esposa de Arturo Alcalde Justiniani, el mandamás de la Secretaría de la que es titular su hija.

Más, cuando se enteren cuál es la pócima que se ha elegido para diseñar el perfil de quien se encargará, no como dirigente de Morena, sino como su capataz. El alter ego del Caudillo, Octavio Romero Oropeza, el señor de los moches en Pemex, el enterrador de la industria estratégica, el socio de Carlos Romero Deschamps en todo aquello que ha demolido la petrolera.

Más, cuando se enteren que la estación Morena fue elegida porque Octavio Romero Oropeza no tuvo las credenciales suficientes para reemplazar a Javier Jiménez Espriú en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, porque nunca le alcanzó el tamaño. Porque de ser un ícono de la honradez de la Cuarta Transformación, pasó a ser un comerciante de los intereses superiores de la Nación.

Delgado, coordinando. Inauguró Peralta, experto en asaltos institucionales

Y entonces, a ver si aun así los parlamentarios de Morena, escogidos por tómbolas y ocurrencias primarias, tendrán los arrestos suficientes para alcanzar el objetivo proclamado de su «Asamblea Constituyente», a saber: estar a la altura, dicen, del liderazgo histórico del país.

La reunión fundacional, lo expectoraron, «es el gran inicio de una red de patriotas por este país, es el principio de una construcción moral y de la dignificación de los gobiernos y de las instituciones»‎. Con Mario Delgado a la cabeza, para coordinar los trabajos.

Algún choclo tenían que meter de arranque: el que les tomó la protesta fue nada menos que el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, que en eso de los asaltos institucionales se pinta solo. Lo demás se irá descubriendo poco a poco.

Romero Oropeza, dirigente de Morena luego de haber reventado en Pemex

La reelección presidencial es una tentación autoritaria que han tenido todos los que se han sentado en La Silla desde que tenemos memoria. Pero la idea de catapultarla desde una «Asamblea Constituyente» de este jaez, eso no tiene precio. ‎Yo creo que a nadie se le hubiera perdonado.

Meter como pastor de Morena al reventado de Pemex es algo que sólo en este régimen pudo haber pasado.

Yo no digo que no prenda la idea de sentarlo al frente, lo que dudo es si alguien en su sano juicio podrá legitimarla, obedecerla, asumirla y respetarla a cabalidad.

Es demasiado lo que se juega en términos de credibilidad.

Y eso, ni los treinta tristes millones de votos, cuando todavía existían, lo pueden avalar.

¿No cree usted?

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