Rossana Rossanda será recordada como un potente faro de la izquierda italiana

septiembre 22, 2020

La Jornada. Este domingo falleció a los 96 años la intelectual comunista, escritora y periodista italiana Rossana Rossanda, informó el diario Il Manifesto, que fundó en 1969. Ella fue uno de los faros más potentes de la izquierda en su país, recordaron sus camaradas.

“Nos ha dejado en la noche. No es una pérdida imprevista, esperada de algún modo, considerando sus graves condiciones físicas y su edad. Es, y seguirá siendo, una herida abierta. Tras la última y dramática crisis económica de Il Manifesto a finales de 2012, generacional y política, en los últimos años Rossana había vuelto a escribir y a estar presente de algún modo en su periódico”, escribió ayer el codirector del diario Tomasso di Francesco, cuyo texto reproduce en español la revista Sin Permiso, de cuyo consejo editorial ella formaba parte (https://www.sinpermiso.info/textos/en-la-muerte-de-rossana-rossanda-una-inolvidable-luz-que-nos-atane-y-que-queda).

Rossanda, a quien sus amigos llamaban la muchacha del siglo pasado (por el título de su autobiografía), dejó huella en México durante su visita en los aciagos comienzos de los años 70. Vino al país para participar en el Coloquio de Invierno que organizaba anualmente la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Los invitados, elegidos por su prestigio, daban cuenta de la pluralidad ideológica del mundo contemporáneo. Gratuitas y abiertas a todos los públicos, dichas jornadas dejaron su impronta en la formación cultural de varias generaciones, rememoró Adolfo Sánchez Rebolledo en un artículo publicado en La Jornada el 26 de febrero de 2015.

Añade que en aquella ocasión, junto con Rossana arribaron Fernando Claudín y Lucio Magri, cofundadores de Il Manifesto, “cuyas voces disidentes ya anunciaban la crisis y el colapso del socialismo soviético (…) Desde el primer momento, Rossana nos cautivó con esa manera de razonar incisiva e irónica, a la vez elegante y profunda, que unía en la palabra los ríos de la cultura y la política, la experiencia militante y la voluntad teórica.

“Sobre esos años, escribirá después: en 1969 llamarse comunista no era algo puramente simbólico: las luchas de los años 60, los movimientos estudiantil y obrero del 68 y del 69, la anunciada victoria de Vietnam, los problemas que planteaba China sobre la naturaleza del socialismo real, permitían apuntar como objetivo realizable una transformación de las relaciones de fuerza entre las clases, y en el seno de las mismas.

“Rossana y Karol, su compañero, se fueron al día siguiente a visitar el esplendor de la cultura maya invitados por el presidente (Luis Echeverría). Unas semanas después recibí una afable carta suya donde hacía un breve balance del viaje a México. Entre otras cosas, recordaba algunos pasajes de su conversación con Echeverría, entre ellos su respuesta a la pregunta de por qué un presidente que se decía reformista apoyaba hasta la ignominia al sindicalismo charro, asunto del que se había hablado mucho durante nuestro encuentro en México. El jefe del Estado mexicano habría dicho: ‘Para evitar que el país caiga en la violencia. Cuestión de seguridad nacional. Nada qué hablar’”, apuntó el articulista.

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