Vamos directo al fracaso si seguimos atados a Estados Unidos

Los gobiernos republicanos de los últimos cuarenta años convirtieron a los Estados Unidos en el enano del tapanco. Derrocharon el dólar en infiernitos, en invasiones ridículas, en pujas internacionales que lo llevaron a la crisis de reservas efectivas, de respaldo monetario, de debacle económicas que lo tienen en la cuarta pregunta.

Hasta hace dos décadas, la cibernética, la logística, la ingeniería armamentista, las tecnologías satelitales y la inteligencia militar constituían los elementos doctrinarios de su estrategia de dominación. En el terreno castrense los grupos tecnocráticos determinaban con ventaja el proceso de la toma de decisiones.

Hoy han sido rebasados en todos los frentes. Si el dominio del espectro global y el control de las ondas radioeléctricas del espacio le habían otorgado la batalla de la información mundial, ya no es así. El poder económico, político y militar que apuntalaba su liderazgo planetario dejó de ser cierto.

En las políticas de redefinición de la doctrina militar, los sistemas de difusión masiva instantánea, las redes telemáticas de televigilancia constituían una parte clave para la articulación de las estrategias de conquista. Ya no es así.

Trump descubrió los límites de la impotencia gabacha

Para los halcones del Pentágono las telecomunicaciones electrónicas fueron inseparables de sus conceptos de “invasiones preventivas”, sobre las “amenazas de provenientes de los “pueblos terroristas incivilizados” de los “fundamentalistas religiosos”, de las “etnias territoriales” y “del narcotráfico “.

Todas las amenazas asimétricas fueron juzgadas no como expresiones de las conciencias ideológicas de los pueblos, de su capacidad indomable de lucha, de su dignidad en defensa de la soberanía, de sus nacionalismos autónomos, sino simplemente como atentados contra su supremacía.

Hoy, sólo para poner un ejemplo, la rebelión de Irán para continuar las investigaciones atómicas representa el mejor ejemplo de que toda esa doctrina de dominación tocó fondo. El enano del tapanco abusó de sus gritos y balandronadas. Trump descubrió los límites de la impotencia gabacha. Estiraron la liga hasta que se rompió.

Ya no puede apelar al sentimentalismo para justificar el armamentismo

El retiro de las potencias emergentes del hipócrita programa nuclear norteamericano es un hecho, que no puede ser contrarrestado por los desplantes del enano del tapanco. Las investigaciones científicas en el Oriente Medio estarán apoyadas por fuerzas mucho más adelantadas que la estadounidense. Y en ese panorama, éstos ya no cuentan.

La viabilidad sentimental de las armas de destrucción masiva, apoyadas por videocasetes que justificaban ante el ciudadano medio americano las acciones más bárbaras para el metabolismo ideológico de los telespectadores, son cosa del pasado.

La piedad, la supuesta compasión, la inocencia, la culpa, el salvajismo, que cobraban siempre la factura a los indefensos y otorgaban a los poderosos impíos la parte del león de la comedia, ya no pueden ser utilizados con el mismo efecto. La tercera potencia, la opinión pública mundial, se ha situado en otra parte.

La expansión transnacional de sus empresas apuntalaban a EU

La conquista militar de las tres regiones emblemáticas de la pelea pasada, los Balcanes, Afganistán e Irak, se llevó a cabo con la aprobación activa de casi la mayoría de los ciudadanos estadunidenses, que padecían al mismo tiempo los peores recortes sociales y económicos…

… en los programas gubernamentales y en medio de la legislación fiscal más regresiva de la historia reciente. Los programas médicos, de salud, vivienda, créditos hipotecarios para automóvil y casa, los ejes de su crecimiento fueron borrados del mapa.

Forbes y Fortune sustentaban la capacidad de expansión del imperio, publicitando que sus corporaciones trasnacionales se encontraban entre los 500 mayores consorcios del mundo. El valor de las trasnacionales estadounidenses, argumentaba, era de 7.5 billones de dólares, contra 5.1 billones de las demás en el planeta.

Dominaban, se leía en esas publicaciones, la lista de las quinientas principales empresas del mundo, en las cuales tenían el dominio sobre el doble del competidor regional más próximo, Europa, con 28% de ventaja. Los japoneses representaban el 9% y el resto de Asia, se ufanaba, desde Corea del Sur hasta Singapur, sólo el 4%.

Tecnócratas y halcones se desplazaban sin límite por el planeta

Los analistas financieros de hace sólo veinte años, arrobados por la magnitud de estas cifras, asumían como un hecho indiscutible que “el imperio económico estadunidense es dominante y está ‎en fase ascendente, vía guerras imperiales, conquistas coloniales y expansión de trasnacionales”.

La falsa creencia, hoy se comprueba, de la eternidad del imperio fue tan difundida en la opinión pública como la referente a que los halcones harían reinar la técnica pura por encima de la política, propaganda inyectada hasta la saciedad en las sociedades occidentales de consumo dirigido.

Les hicieron creer que la racionalidad social era una ideología, sometida por la admiración superior hacia las máquinas de los cerebros electrónicos, los ordenadores, las computadoras que cumplían operaciones de las que era incapaz el cerebro humano que las proponía.

En sus horizontes que se desplazaban sin fin, los tecnócratas y los halcones eran implacables. No tenían vacíos, su memoria era infalible, no tenían olvidos, sus dispositivos eran seguros, no sufrían fracasos en los límites de lo permisible, que era todo.

La dominación hegemónica, el orden unipolar es parte del pasado

Hoy, las promesas seductoras de teorías fracasadas forman parte de la parafernalia económica de principios del siglo y del engaño intelectual concomitante. Todo se ha revertido para que la globalización estadounidense, el monetarismo, las economías bélicas, la restricción de las libertades públicas formen parte del monumental engaño.

‎La dominación hegemónica, el orden unipolar es parte del pasado. El mundo se encamina hacia un nuevo sistema. No sabemos si mejor o peor. Lo que es un hecho es que ya no podemos confiar en traseros que chiflan. Ha llegado la hora de luchar por la supervivencia del mejor equipado.

México está frente a una disyuntiva histórica por donde se le vea

Las nuevas potencias emergentes, Rusia, China, India, Japón dictarán las nuevas reglas. Las anteriores corporaciones bélicas estadounidenses, están reducidas y confinadas, la deuda externa de los Estados Unidos está en manos asiáticas, así como el oro y las monedas duras, la información electrónica y satelital tiene nuevos dueños. Ya nadie en su sano juicio lo duda.

México está frente a una disyuntiva histórica por donde se le vea. Pero también tiene la responsabilidad de encabezar las nuevas opciones en Latinoamérica. A lo mejor con la misma ideología, pero por favor, con otro equipo. Como estamos se avizora un nuevo fracaso.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Cero y van dos. Las sendas renuncias, primero, del ¿ex panista? Germán Martínez y, ayer, la de Carlos Urzúa transparentan las discusiones y hasta pugnas que a diario se dan en el equipo de ¿colaboradores? del Presidente de la República. Martínez culpó en su momento al equipo de Urzúa. Y ahora éste dijo no estar cómodo con quienes integraban ese equipo por su falta de capacidades hacendarias. ¿Es el equipo o son quienes lo encabezan? + + + A don Rubén Mújica Vélez, distinguido colaborador de este espacio, el Presidente AMLO le evoca a su respetable Maestro don Jesús Silva Herzog, el de a deveras, el padre de quien fuera secretario de Hacienda y abuelo de quien hoy escribe notas que halagan a la derecha: “Buena referencia del Presidente de México –escribe don Rubén– sobre uno de los hombres preclaros del siglo pasado. Maestro de maestros y de decenas de generaciones de economistas y estudiosos de las ciencias sociales, cuyas lecciones sobre historia se vinculaban siempre con la ética. Contaré una de las más sonadas lecciones que impartió a un Presidente, públicamente, antes de 1968. Nos invitaron a los estudiantes de la entonces Escuela de Economía a celebrar los, creo, 70 años de ‘Don Jesús’ –innecesario añadir los apellidos porque era un auténtico patriarca. Acudimos y abarrotamos un amplísimo salón de un centro de reuniones en la Colonia El Reloj. En la mesa principal Don Jesús estaba acompañado de otro gran maestro José Luis Ceceña Gámez, lo mismo que de Horacio Flores de la Peña, Ricardo Flores Gaitán y otros más. Para nuestra sorpresa llegó el Presidente Echeverría con su monolítica personalidad y su inescrutable gesto. Se iniciaron los discursos laudatorios, más que merecidos por quien sentíamos un profundo respeto. Todo transcurrió perfectamente hasta el momento en que dieron el micrófono a Don Jesús. No le era muy necesario por el vozarrón que tenía. Su discurso lo inició con su gratitud a Echeverría por la distinción de su presencia. Los que conocimos de cerca a don Jesús y en ocasiones recibimos una reclamación por algún descuido a su persona, esperábamos una de sus célebres frases. De repente, cuando todo parecía concluir tranquilamente, don Jesús elevó el tono de su voz y dijo:‘Considero que en México todo funcionario público en su oficina y detrás de su asiento debe tener un rótulo que diga EN ESTE LUGAR NO SE ACEPTAN LADRONES”. Fue un rayo en tarde tranquila, nos dejó paralizados un instante. Súbitamente se desgranó una ovación que no cedía ni terminaba. Echeverría mantuvo su estatuaria actitud. Los de la mesa, dirigían la vista solo a don Jesús y los entonces estudiantes, supimos que esa frase demoledora revelaba la indignación de nuestro maestro por antonomasia, por el saqueo que desde entonces sufría la Nación, por los nexos con el gobierno de EUA que sólo podían ser de sometimiento y anuencia a sus atropellos y por la extranjerización de la economía…”. 

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